Hay días en los que la comunicación trasciende el guion y se convierte en un puente. Días en los que presentar un evento no es solo conducirlo, sino sostener una comunidad, acompañar un propósito y dar ritmo a una emoción colectiva. El I Congreso de Executivas de Galicia fue exactamente uno de esos días.
Quince años después del nacimiento de la asociación, el Hostal dos Reis Católicos abrió sus puertas para un encuentro histórico. Allí, entre las paredes que guardan siglos de relatos, se compartió otro: el de un liderazgo femenino que no es tendencia ni aspiración, sino realidad y presente de Galicia. Y formar parte de ese momento como presentadora, junto a Sara Castellanos, fue un privilegio que no olvidaré.
Gracias a Executivas por su confianza
Desde el primer minuto se respiraba algo especial. Como expresó Sara en su Linkedin, presentar este congreso juntas fue “un regalo” y, a la vez, una oportunidad que la directiva de Executivas confió desde el minuto uno. Y tenía razón: no se trataba de presentar un programa; se trataba de acompañar una siembra de 15 años.
La jornada comenzó con la voz de Virginia Romera, que por primera vez contó la historia completa de Executivas de Galicia. Fue un relato íntimo, honesto y profundamente necesario que marcó el tono de todo lo que vendría después. Porque para hablar de futuro, primero hay que recordar quién abrió el camino.
A lo largo del día, las intervenciones se entrelazaron como un mapa de todo lo que significa liderar hoy en Galicia. Las jóvenes de Executivas Junior nos mostraron que las reglas del talento han cambiado para siempre: ya no basta con un salario atractivo si no hay propósito, valores o flexibilidad. Las expertas en bienestar recordaron que el rendimiento nace de sentirse visto, escuchado y respetado. Y Xisela Aranda nos emocionó con dos lecciones que deberían estar en cualquier manual de liderazgo: que las derrotas educan más que las victorias, y que “Ubuntu” —soy porque somos— explica mejor que ningún otro concepto cómo se construye un equipo imparable.
También hubo espacio para mirar hacia la Galicia que se construye desde el rural, desde las cooperativas, desde las pequeñas empresas familiares que llevan décadas sosteniendo la economía real del territorio. Y para hablar de alianzas —esas que multiplican cuando son auténticas— en una mesa moderada por Carla Reyes, donde quedó claro que crecer juntas no es un lema: es una estrategia.
La entrega de los X Premios Executivas de Galicia fue, sin duda, uno de los momentos más simbólicos de la jornada. Aplaudir la trayectoria de Dora Casal y la labor imprescindible de Mulleres de Seu fue aplaudir también a todas las mujeres que transforman Galicia desde distintos rincones, sin altavoces pero con un impacto incuestionable.
Y cuando parecía que el día ya había dado todo lo que podía dar, llegó la música.
La pianista y storyteller Elsa Muñiz nos regaló un final que aún hoy resuena en mí: delicado, poderoso y profundamente emocional. Una interpretación que no cerró el congreso, sino que lo selló.
Salí del Hostal con una sensación muy clara: Galicia tiene talento, tiene liderazgo y tiene una generación —o mejor, varias— dispuestas a construir juntas un futuro que ya está aquí. Y sentí también gratitud. Por la confianza de la Junta Directiva. Por el profesionalismo de las ponentes. Por la energía de las más jóvenes. Por la complicidad con Sara. Y por el privilegio de dedicarme a esto: dar palabra, ritmo y sentido a momentos que importan.
Si tu organización necesita una presentación que conecte, que acompañe y que eleve el mensaje, estaré encantada de formar parte de vuestro siguiente evento. @mmartinez
